Para la presente reflexión me he apoyado en el modelo de necesidades de Max Neef, de la obra Desarrollo a escala humana. Por un lado, en la obra se hace una fuerte crítica al desarrollismo y al neoliberalismo monetarista, pues ambos modelos no funcionan en países en desarrollo, como es el caso de muchos países de América Latina, ejemplo en el que se apoya el argumento a lo largo de la obra. Por ello, proponen un modelo que busque el bienestar real de la sociedad a través del desarrollo humano. Por otro lado, Neef nos muestra un nuevo modelo de necesidades, divididas en necesidades existenciales (ser, estar, hacer y tener) y axiológicas (subsistencia, protección, afecto…).
Podemos afirmar que en todos los países del mundo existen personas con necesidades del tipo que sean, sin embargo, es innegable que hay países en los que el número de personas que las sufren, es considerablemente mayor, al igual que los recursos disponibles y/o empleados para paliar estas necesidades es más bajo. Por lo tanto, no es lógico tener el mismo modelo de Estado en un país que en otro, tal y como habla de los países de Latinoamérica. Lo ideal sería adaptar el modelo a las capacidades de cada país, teniendo en cuenta aspectos más allá de la economía de este. Neef no habla de una pobreza en concreto, sino de muchas pobrezas, pues además de la pobreza económica, existe la pobreza cultural, de subsistencia, de afecto, etc. El hecho de que una persona no tenga recursos económicos suficientes, es considerado por la sociedad como la pobreza económica, no obstante, de ésta derivan otras muchas pobrezas y por consecuente, patologías.
La situación de países como los de Latinoamérica, en los que muchos viven bajo dictaduras, se pueden cambiar, aunque pueda parecer una utopía. En mi opinión, el problema reside en la falta de democracia existente, en la falta de participación social y de libertad, lo cual, supone una desventaja frente a otros países como los de Europa. Se tendría que luchar, desde todos los países, para hacer frente a esta injusticia, sin embargo, muchos otros países se benefician de los recursos naturales procedentes de Sudamérica, como por ejemplo el petróleo. Es el egoísmo puro del ser humano, hacer pobres a los demás para ser más ricos nosotros. Considero que no es una utopía optar por el cambio, aunque difícil, pero solo se conseguiría si toda la sociedad se revelase contra estas dictaduras, que poco a poco, han dejado a la sociedad sin libertad, pero sobre todo, causando una gran pobreza que limita e imposibilita los derechos más básicos de la población.
Dejando a un lado la economía, en la que como futuras/os trabajadoras/os sociales no podemos intervenir casi, Neef hace referencia a las necesidades, afirmando que, las necesidades son las mismas en todos los contextos del mundo y que no han cambiado a lo largo de la historia, con la diferencia de los satisfactores, que han evolucionado dejando a un lado las formas más tradicionales. La sociedad tiene en sus manos el cambio, para conseguir un modelo que satisfaga las necesidades, pero de forma autodependiente, en el que el desarrollo se aleje de la dependencia. A lo largo de la historia, se han intentado paliar las necesidades sociales mediante diferentes formas de acción social, como la beneficencia, bastante reciente en España. El problema de estos modelos, es que son ineficientes, no funcionan a largo plazo y generan una gran dependencia en la sociedad.
Tenemos que cambiar este enfoque, no tanto en paliar las necesidades a nivel económico, sino fomentar el desarrollo personal e individual de la sociedad. Los SS.SS. españoles, necesitan cambiar también, las ayudas sociales son necesarias, pero, se necesita fomentar la formación, si, por ejemplo, una persona desempleada acude a un centro de SS.SS. no solo basta con la ayuda correspondiente, habrá que intentar que esa persona tenga la educación y la formación a la que no ha tenido acceso (por unos motivos u otros). Comento la formación, pero también necesidades como la de protección, la de afecto o la de participación, deben de ser cubiertas por nuestros servicios sociales.
Existen en nuestra sociedad, muchos problemas como consecuencia de la desigualdad, el hecho de nacer en una familia con pocos recursos, familias desestructuradas por un problema con las drogas y un sinfín de casos. Nadie elige sus circunstancias, a pesar de que haya personas que así lo piensen, la desventaja en la que vive una parte de la sociedad es real y tiene consecuencias que se deben resolver. Como profesionales del Trabajo Social, tenemos que promover un mejor sistema de SS.SS. enfocado no tanto a las prestaciones económicas, sino a fomentar el desarrollo personal de esas personas, un sistema que rompa con la dependencia que llevamos arrastrando desde el inicio de la acción social. Necesitamos un sistema que realmente resuelve las necesidades de la sociedad, necesidades que van más allá de las consideradas tradicionalmente. Un sistema que funcione de verdad, que ayude a las personas a ser independientes y a mejorar sus capacidades, con unos profesionales que intervengan, cara a cara, para hacerlo posible, de forma individual, pero también colectiva.
Como conclusión, ya sea en países donde existe una mayor precariedad respecto a estas necesidades o ya sea en países en los que estas necesidades están más cubiertas, se necesita un cambio en el mundo en general, un cambio de mentalidad primero y un cambio en la forma de actuar, tanto a nivel económica, como a nivel social. Necesitamos un cambio para conseguir una sociedad en la que todas las personas, independientemente de la familia en la que nazcan, tengan las mismas oportunidades y los mismos derechos. Pero ese cambio no va a venir solo, tenemos que luchar para conseguirlo.