viernes, 5 de junio de 2020

MODELO SISTÉMICO DESDE EL TRABAJO SOCIAL.

El modelo sistémico considera la familia como un sistema, en el que, si existe una actitud disfuncional o problemática, en alguno de sus miembros, afecta de diversas maneras a los demás miembros. Considero que utilizar el modelo sistémico para trabajar con familias, además de ser útil, es necesario en muchos casos. Por otro lado, creo que es un modelo más completo que otros, puesto que se centra en el conjunto de la familia, entendiendo la familia como un sistema. De esta forma, somos capaces de ayudar de forma más eficaz, en mi opinión, pues se observa el contexto familiar y todo aquello que haya podido influir en el individuo en concreto.

La familia, durante toda nuestra vida, es un gran pilar en el que apoyarnos en los malos y en los buenos momentos. Sin embargo, existen familias con pilares más débiles e incluso inexistentes casi. La familia en su conjunto, es capaz de influir negativa o positivamente en el individuo y en su desarrollo. Por eso, considero que es un modelo que puede afianzar las relaciones conflictivas que existan en una familia. Por otro lado, considero que, centrarse sencillamente en los problemas aislados de un individuo, es un gran error, pues en muchas ocasiones, su problemática estará derivada o influida por su entorno, en este caso, familiar. 

Destacan en este modelo, por un lado, la Teoría General de los Sistemas y, por otro lado, la Teoría de la Comunicación. Una familia en la que no existe buena comunicación suele ocasionar problemas de diversa índole. Incluso familias en las que existe una figura autoritaria o sumisa. Existe una gran variedad de problemas que pueden afectar al sistema familiar, problemas de salud mental, drogadicciones, fracaso escolar o problemas económicos o afectivos. Cada uno de esos problemas, van a influir enormemente en el desarrollo de cada individuo, en especial, en los hijos, que se hallan en un proceso de desarrollo. Es importante la terapia sistémica, puesto que, si tenemos un caso de un hijo con adicción a la marihuana o fracaso escolar, probablemente, no siempre, sea consecuencia de algún problema familiar interno. Por eso, es muy necesario que se observe y analice a la familia en su conjunto, no solo centrándonos en el individuo, pues quizá no podamos solucionar el "problema visible" a causa de que existe otro problema no tan visible.

Este tipo de modelo sigue una serie de fases, la fase social en primer lugar, en la que se observará la problemática existente. La fase de planteamiento, que nos ayuda principalmente a definir el problema y hacer un estudio de las diferentes soluciones. A continuación la fase de interacción, que nos permite conocer el fallo en la comunicación, o en la forma de interacciones en los individuos. La última fase, que consistirá en el acuerdo de la familia para adaptarse a la solución propuesta. Como ya he dicho, este modelo me parece el más completo para la intervención con grupos, y a la vez el más eficaz debido a su metodología. Permite conocer la estructura familiar de forma óptima, a la vez que nos facilita encontrar una solución que sea apropiada para todos sus miembros.

Finalmente, decir que el papel de trabajador/a social en el ámbito familiar, me parece realmente importante, ya que un problema dentro del sistema familiar, que no se llega a solucionar nunca, supone muchos problemas a lo largo de la vida de todos sus miembros. Algo en lo que nosotros, deberemos intervenir en un futuro, de tal forma que paliemos las consecuencias negativas en el presente, pero, sobre todo en el futuro.

viernes, 22 de mayo de 2020

Reflexión sobre "Algo va mal" de Tony Judt.

Algo va mal de Tony Judt es un libro que abarca un gran número de temas interesantes y también necesarios. Judt nos hace mirar hacia el pasado y reflexionar sobre nuestro mundo actual. Hace referencia a temas económicos, éticos e ideológicos, entre otros. No obstante, en la presente reflexión, me centraré en aquellos puntos más importantes e interesantes a mi parecer.

Al comienzo de la obra, Judt hace una crítica de la actual actitud que tenemos los jóvenes respecto a temas económicos, políticos, estatales e incluso éticos. En épocas pasadas, ante una injusticia social o sencillamente por un desacuerdo de intereses, los jóvenes, en especial, se pronunciaban, luchaban por sus derechos. Pero no sólo por sus derechos individuales, sino por los colectivos, se manifestaban por el bienestar de toda una sociedad, a la que ellos pertenecían. 

Desde hace ya unas décadas, esto ha cambiado. Coincido con el autor, en que los jóvenes y la sociedad en general, no sabe cómo mejorar el mundo, no sabemos qué tenemos que hacer ni cómo hacerlo para que funcione. En mi opinión, el problema reside en que hemos crecido en una sociedad demasiado conformista. Quizá se nos ha enseñado, de una forma más o menos directa y /o explícita, que vivimos bien, que hemos estado peor y que no deberíamos quejarnos. Hemos interiorizado que siempre han existido injusticias, desigualdades económicas, problemas sociales y que no podemos hacer nada para cambiarlo, es algo “natural”. Eso me recuerda, en parte, a la Edad Media, cuando el pensamiento colectivo era que las personas pobres nacían pobres y morían pobres. Y eso no había forma de cambiarlo, su destino estaba escrito. Ese pensamiento, por suerte, forma parte de nuestro pasado, sin embargo, esa conformidad se asemeja un poco a la de nuestros tiempos.

Sabemos que alrededor del mundo ocurren desgracias de todo tipo, personas sin hogar que mueren solas en la calle, refugiados que fallecen durante sus viajes en busca de un lugar seguro, mujeres que no pueden dar de comer a sus hijos, niñas privadas de su libertad a las que obligan a casarse, y un sinfín de problemas más. Casi todos somos conscientes de que el mundo no va bien, pero nadie sabe qué hacer. Sabemos que han existido grandes personas que han conseguido grandes cambios en el pasado, pero parece que no nos interesa intentarlo, que no va con nosotros, ya que, por suerte, esas injusticias no las vivimos nosotros, ni nuestros seres queridos. Quizá deberíamos plantearnos por qué estamos insensibilizados con las injusticias, por qué ya no tenemos los mismos objetivos. 

Hay una parte en la que el autor comenta que los estudiantes elegimos la carrera en la que vayamos a ganar más dinero. Es cierto, he visto como algunos de mis compañeros de clase renunciaban a la carrera que les gustaba por miedo a no ganar “suficiente” dinero en un futuro. ¿Pero quién nos impone esa cantidad? ¿Realmente están siendo justos consigo mismos? En mi caso, tenía claro que ganar más o menos dinero o las facilidades que iba a tener para encontrar trabajo, no iba a condicionarme. Considero que el camino hacia una sociedad más justa, comienza por alejarnos del individualismo, de nuestro propio beneficio y de pensar más en el bien colectivo. 

El futuro que nos espera a nuestra generación y a las siguientes va a ser difícil, en mi opinión, pues no confiamos en que podamos hacer de nuestro mundo, un mundo un poco mejor, antes de irnos. Existen demasiados problemas a los que no vemos solución y sinceramente, la opción más sencilla es mirar para otro lado. Llega a ser muy frustrante ser consciente y estar sensibilizados con la injusticia que nos rodea y no saber qué hacer. No obstante, considero que merece la pena luchar por el cambio, en la medida de lo posible. Y eso es algo que no podemos hacer solos, necesitamos la unión de la sociedad y, sobre todo, un cambio en la perspectiva actual, para poder ver el futuro con otros ojos. Para pensar que somos capaces de iniciar un cambio, es necesaria la fuerza de una mayoría.

 La reciente muerte de Julio Anguita, maestro y político español de ideología comunista, es un ejemplo de los políticos que merecen la pena, de los que se sublevaron contra el poder y de los que lucharon por sus ideas. En una de las entrevistas que se le hicieron, se dirigió a los jóvenes españoles: “No tenéis futuro alguno, salvo que cambiéis, no que os cambien los demás, que luchéis para que os lo cambien” dijo textualmente. Mencionó que nuestra generación iba a ser la primera que viviría peor que sus padres, según el informe PETRAS. Y esa es la triste realidad que nos espera, si no hacemos nada para cambiarla. Es cierto que nuestra generación ha vivido “entre algodones”, pero aún estamos a tiempo de luchar y quizá cambiar algo.

Por otro lado, uno de los temas que trata el autor, es el de los valores de nuestra sociedad. Critica el gran valor que le adjudicamos a los bienes materiales, una casa, un coche, joyas, etc. En mi opinión, las aspiraciones que tenemos sobre nuestro futuro, determinan quiénes somos. Está claro que tener una casa y un coche es necesario, pero no es tan necesario que esa casa o ese coche, tengan un valor económico elevado. En ciertas ocasiones, cuando he conversado con personas acerca de cómo se ven en un futuro, muchas de ellas aspiraban a vivir en ciudades como Nueva York, tener una lujosa casa y otros aspectos. Está bien ser ambicioso en la vida, pero, considero que hay otras aspiraciones más importantes que las banales. Creo que ese pensamiento individualista y materialista, nos aleja enormemente de lo que pretendemos conseguir. Ninguna de esas personas contestó “Quiero tener lo suficiente para vivir bien” y quizá ayudar a las personas de alguna forma que esté en mis manos. Este pensamiento en el beneficio individual, como indica Judt, nos separa como sociedad. En el pasado, se miraba más allá del beneficio de cada uno y se pensaba en el beneficio de la sociedad, incluso de las minorías. Es decir, aquello que a nosotros puede no afectarnos directamente, también es importante. La actitud que tenía la izquierda del pasado se ha perdido, esa unión de la izquierda ha perdido su fuerza y como consecuencia, tenemos una izquierda separada, con diferentes convicciones y en la que muchos no confiamos. No confiamos en los políticos en general, pero, no confiar en aquellos que supuestamente representan nuestros ideales, es peligroso. 

Como bien sabemos, conocer el pasado histórico es necesario para no volver a repetir los mimos errores. Y es que, a pesar de la evolución que hubo desde 1945 hasta 1970, no hemos conseguido seguir evolucionando. Nos quedamos estancados en esa conformidad, estabilidad y confianza, porque “todo iba bien”, pues ya no había guerra. Pero ahora, aunque no estemos inmersos en una guerra, siguen existiendo muchos problemas que entonces había. Sigue habiendo desigualdad económica, incluso, se ha incrementado, hay pobres que son más pobres que antes y hay más ricos también más ricos que en el pasado. Aunque considero que ya no es que estemos mejor o peor en comparación a épocas pasadas, sino que la actitud que tenemos sobre nuestra sociedad y sobre el mundo, es bastante peor en cierto sentido.

Nuestra sociedad ya no se ve capaz de mejorar nada, ni de luchar por nada, porque “¿para qué?”, o “¿para quién? Si a mi no me afecta”, para eso ya están los políticos dicen algunos. Y ese es el problema, que lo hemos dejado todo en manos de la política en las últimas décadas, pero no ha funcionado. No deberíamos olvidar, que los políticos son, al final, las personas que tendrían que representar nuestras ideas, representar al pueblo. Pero para que nos puedan representar, ¿nos tendrán que oír no? La mayoría de los políticos que tenemos en el gobierno español, tienen solo intereses económicos, y aunque sea triste, no van a luchar por una sociedad más justa y menos desigual, porque ellos ya tienen su pensión vitalicia. En mi opinión, el nivel de muchos políticos es bastante bajo, por lo menos en cuanto a valores se refiere. Hacen creernos que realmente les importa la exclusión social, la pobreza, la violencia de género, pero pocos lo piensan de verdad. Dudo mucho que, por iniciativa de la propia política, esto cambie. No obstante, podemos y debemos ser nosotros, la sociedad, la que se subleve, la que proteste, la que no este conforme con cómo se hacen las cosas en nuestro país. Es difícil creer que se puede cambiar, después de estas décadas de desinterés, pero de lo contrario, acabaremos siendo marionetas del Estado. 

La falta de confianza que tenemos en el Estado, se debe en parte a la falta de igualdad existente en la sociedad. Tal y como indica el autor, en las décadas en las que EE.UU. reinó la estabilidad, fue debido a la cohesión social, pues conformaban una sociedad homogénea y tenían intereses comunes. A día de hoy, esto resulta imposible, es imposible que toda una sociedad tenga los mismos intereses y estaríamos ignorando los intereses de las minorías. Considero que, a nivel mundial, sería imposible que existiese una igualdad económica, en la que todas las personas tuvieran un mínimo existencial que fuese suficiente. Sin embargo, a nivel estatal, sí es posible. Es cierto que en parte se intenta, pagar impuestos en función de nuestra renta para que existan los SS.SS. es una de las medidas. Pero no es suficiente, pues estos no son capaces de abarcar a todas las personas que los necesitan. 

En estos momentos, con la crisis del Covid-19, nos damos cuenta de lo imprescindibles que son la sanidad pública y los Servicios Sociales. Si no existiesen de forma gratuita para todos los ciudadanos, muchos no tendrían acceso a ellos, lo cual fomentaría una terrible desigualdad. Privatizar la sanidad, como ocurre en Estados Unidos, es un grave error que tiene y tendrá consecuencias muy negativas para la sociedad americana. La intervención del Estado es necesaria, y aunque en el caso español, tengamos ese “privilegio”, no debemos retroceder en una privatización de la sanidad y la educación. A pesar de estar en un lugar privilegiado, respecto a ciertos países, en España la tasa de pobreza y/o exclusión social (AROPE) superó el 25% de la población española en el año 2018. Es decir, un cuarto de la población necesita o va a necesitar atención de los SS.SS. 

Otro de los puntos que aparece en este ensayo, es el miedo que tienen los estadounidenses a hablar del socialismo debido al daño sufrido en el pasado. Judt critica ese miedo, pues considera que es necesario hablar con libertad del pasado, para que podamos aprender de él. No deben existir los límites a la hora de expresar nuestros ideales, siempre que sea con respeto. Tampoco debemos temer a ese pasado de nuestro país, pues sino no conseguiremos avanzar. Tenemos que mirar hacia el pasado, aceptarlo con sus errores y sus aciertos y decidir qué queremos conservar del pasado. El socialismo se relaciona con las dictaduras pasadas y de igual forma, el franquismo también en España. España por su parte, debe superar la dictadura de Franco, aún no superada por algunos, para no involucionar.

Como conclusión final, el consejo que nos ofrece Judt es optar por la socialdemocracia, además de lo anterior mencionado. En mi opinión, considero que sería la elección más acertada, no obstante, la veo poco viable en estos momentos. Sin embargo, si las generaciones jóvenes de ahora y las que vendrán, siguen formándose y luchando por nuestros derechos, quizá podamos adaptar una socialdemocracia en España. El camino está en nosotros, los jóvenes, en nuestras palabras y en nuestros actos. Debemos hablar sin miedo, libremente, rechazando ese conformismo que se nos ha inculcado y la idea de que ya no se puede hacer nada. 

Por último, considero importante mencionar el papel tan necesario que tenemos y seguiremos teniendo los/as trabajadores/as sociales en este aspecto. Si no estamos de acuerdo con cómo se hacen las cosas, tenemos que expresarlo, si vemos que algo está mal, tenemos que denunciarlo. Tenemos el deber de hacer de nuestra sociedad un lugar con menor desigualdad. Tenemos, en nuestro trabajo, el poder de cambiar algunas cosas y debemos hacerlo. Todas las profesiones deberían ser vocacionales, pero no siempre es así. Sin embargo, creo o me gusta creer que las/os profesionales del Trabajo Social, tenemos muchas ganas de aprender, de mejorar, de provocar un cambio, por mínimo que sea, y así debemos hacerlo. Poco a poco, el pensamiento actual debe cambiar, evolucionar hacia uno inconformista, hacia una generación que proteste, que se manifieste cuando algo no está bien, que no tenga miedo a las consecuencias. El papel de los jóvenes es determinante en nuestra sociedad, por lo que debemos recuperar esa izquierda pasada, que estaba unida a pesar de no tener los mismos intereses, esa que velaba por el bien común y no por el beneficio individual. Tenemos que dejar atrás el individualismo si queremos progresar. Y todo eso, debemos hacerlo unidos, apoyándonos y ayudándonos los unos a los otros, mirando más allá de nuestros privilegios, podremos mejorar el mundo.







“El hombre más pobre tiene una vida que vivir, igual que el más poderoso. “
Tony Judt.

martes, 28 de abril de 2020

Cuarto trabajo de reflexión. Modelos de necesidades de Max Neef.

Para la presente reflexión me he apoyado en el modelo de necesidades de Max Neef, de la obra Desarrollo a escala humana. Por un lado, en la obra se hace una fuerte crítica al desarrollismo y al neoliberalismo monetarista, pues ambos modelos no funcionan en países en desarrollo, como es el caso de muchos países de América Latina, ejemplo en el que se apoya el argumento a lo largo de la obra. Por ello, proponen un modelo que busque el bienestar real de la sociedad a través del desarrollo humano. Por otro lado, Neef nos muestra un nuevo modelo de necesidades, divididas en necesidades existenciales (ser, estar, hacer y tener) y axiológicas (subsistencia, protección, afecto…).

Podemos afirmar que en todos los países del mundo existen personas con necesidades del tipo que sean, sin embargo, es innegable que hay países en los que el número de personas que las sufren, es considerablemente mayor, al igual que los recursos disponibles y/o empleados para paliar estas necesidades es más bajo. Por lo tanto, no es lógico tener el mismo modelo de Estado en un país que en otro, tal y como habla de los países de Latinoamérica. Lo ideal sería adaptar el modelo a las capacidades de cada país, teniendo en cuenta aspectos más allá de la economía de este. Neef no habla de una pobreza en concreto, sino de muchas pobrezas, pues además de la pobreza económica, existe la pobreza cultural, de subsistencia, de afecto, etc. El hecho de que una persona no tenga recursos económicos suficientes, es considerado por la sociedad como la pobreza económica, no obstante, de ésta derivan otras muchas pobrezas y por consecuente, patologías. 

La situación de países como los de Latinoamérica, en los que muchos viven bajo dictaduras, se pueden cambiar, aunque pueda parecer una utopía. En mi opinión, el problema reside en la falta de democracia existente, en la falta de participación social y de libertad, lo cual, supone una desventaja frente a otros países como los de Europa. Se tendría que luchar, desde todos los países, para hacer frente a esta injusticia, sin embargo, muchos otros países se benefician de los recursos naturales procedentes de Sudamérica, como por ejemplo el petróleo. Es el egoísmo puro del ser humano, hacer pobres a los demás para ser más ricos nosotros. Considero que no es una utopía optar por el cambio, aunque difícil, pero solo se conseguiría si toda la sociedad se revelase contra estas dictaduras, que poco a poco, han dejado a la sociedad sin libertad, pero sobre todo, causando una gran pobreza que limita e imposibilita los derechos más básicos de la población. 

Dejando a un lado la economía, en la que como futuras/os trabajadoras/os sociales no podemos intervenir casi, Neef hace referencia a las necesidades, afirmando que, las necesidades son las mismas en todos los contextos del mundo y que no han cambiado a lo largo de la historia, con la diferencia de los satisfactores, que han evolucionado dejando a un lado las formas más tradicionales. La sociedad tiene en sus manos el cambio, para conseguir un modelo que satisfaga las necesidades, pero de forma autodependiente, en el que el desarrollo se aleje de la dependencia. A lo largo de la historia, se han intentado paliar las necesidades sociales mediante diferentes formas de acción social, como la beneficencia, bastante reciente en España. El problema de estos modelos, es que son ineficientes, no funcionan a largo plazo y generan una gran dependencia en la sociedad. 
Tenemos que cambiar este enfoque, no tanto en paliar las necesidades a nivel económico, sino fomentar el desarrollo personal e individual de la sociedad. Los SS.SS. españoles, necesitan cambiar también, las ayudas sociales son necesarias, pero, se necesita fomentar la formación, si, por ejemplo, una persona desempleada acude a un centro de SS.SS. no solo basta con la ayuda correspondiente, habrá que intentar que esa persona tenga la educación y la formación a la que no ha tenido acceso (por unos motivos u otros). Comento la formación, pero también necesidades como la de protección, la de afecto o la de participación, deben de ser cubiertas por nuestros servicios sociales.

Existen en nuestra sociedad, muchos problemas como consecuencia de la desigualdad, el hecho de nacer en una familia con pocos recursos, familias desestructuradas por un problema con las drogas y un sinfín de casos. Nadie elige sus circunstancias, a pesar de que haya personas que así lo piensen, la desventaja en la que vive una parte de la sociedad es real y tiene consecuencias que se deben resolver. Como profesionales del Trabajo Social, tenemos que promover un mejor sistema de SS.SS. enfocado no tanto a las prestaciones económicas, sino a fomentar el desarrollo personal de esas personas, un sistema que rompa con la dependencia que llevamos arrastrando desde el inicio de la acción social. Necesitamos un sistema que realmente resuelve las necesidades de la sociedad, necesidades que van más allá de las consideradas tradicionalmente. Un sistema que funcione de verdad, que ayude a las personas a ser independientes y a mejorar sus capacidades, con unos profesionales que intervengan, cara a cara, para hacerlo posible, de forma individual, pero también colectiva.

Como conclusión, ya sea en países donde existe una mayor precariedad respecto a estas necesidades o ya sea en países en los que estas necesidades están más cubiertas, se necesita un cambio en el mundo en general, un cambio de mentalidad primero y un cambio en la forma de actuar, tanto a nivel económica, como a nivel social. Necesitamos un cambio para conseguir una sociedad en la que todas las personas, independientemente de la familia en la que nazcan, tengan las mismas oportunidades y los mismos derechos. Pero ese cambio no va a venir solo, tenemos que luchar para conseguirlo.


domingo, 12 de abril de 2020

Tercer trabajo de reflexión. La protección de datos en el trabajo social.

La Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales reemplaza a la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre. Estas modificaciones se realizan según el avance ético de la sociedad para tratar de asegurar y velar por la confidencialidad de los datos de las personas, así como proteger sus derechos.

Tanto en el ámbito del trabajo social, como en otras profesiones en las que se hace uso y tratamiento de datos personales, es necesario respetar la privacidad de las personas y, por tanto, debemos tener en cuenta las normas previstas en esta ley, de tal forma que no infrinjamos ninguna de estas, teniendo presente también que en cada situación será diferente. Debemos actuar respetando el bienestar de los usuarios y sus datos.

Por un lado, cuando trabajemos con los datos de un usuario, debemos contar con su expresa autorización para ello, tanto para intervenir con otros profesionales como para intervenir con terceras personas del ámbito del usuario o externas, teniendo también presente que su autorización se refiera a todos los datos de los que dispongamos. En los casos en los que se trate de un menor de edad, las restricciones que presenta la ley son mayores, debido a su mayor vulnerabilidad, por lo que debemos tener el consentimiento de los padres o los tutores. También se debe tener cuidado con el uso de las tecnologías, que, a pesar de ser de gran ayuda para realizar parte de la intervención con un usuario, podemos poner en peligro los datos de este si no tenemos el debido cuidado.

Por otro lado, existen también situaciones en las que, si tenemos conocimiento de un delito o un riesgo grave para terceros, debemos comunicarlo ante un juez. Por ejemplo, en la intervención con una mujer que sufre malos tratos, en caso de que ella no quisiera denunciar, deberíamos hacerlo nosotros/as como trabajadores/as sociales.
En cualquier caso, tenemos que tener presente que, a lo largo de nuestra vida laboral, se nos presentarán situaciones complejas en las que deberemos tomar decisiones difíciles, por eso, debe primar siempre la integridad y el bienestar de los usuarios. 

Trabajar con los datos de los usuarios para los trabajadores/as sociales, es una parte necesaria en la relación de ayuda, no obstante, si violamos alguna de las normas previstas en la ley, estaremos traicionando la confianza de las personas, además de ser sancionados por ello. 

Como conclusión, en el ámbito del trabajo social, es muy importante seguir lo previsto en la Ley de Protección de Datos, pues así evitaremos poner en peligro la privacidad de las personas con las que trabajaremos, además de trabajar profesionalmente.

martes, 31 de marzo de 2020

Segundo trabajo de reflexión personal: bloque deontología.


Como ya hemos visto, el trabajador social es un profesional que busca el bienestar de la sociedad y el cambio social, proporcionando información, orientación, apoyo y seguridad al usuario. Por tanto, como en otras profesiones, es necesario que el profesional del Trabajo Social, tenga en cuenta y siga el código deontológico. De esta forma, el/la trabajador/a social podrá llevar a cabo su profesión de manera adecuada, beneficiando siempre a los usuarios. En esta reflexión, he elegido cinco principios, que me han parecido más importantes como referencia a la hora de intervenir profesionalmente, no obstante, todos son necesarios y se deben cumplir.

En primer lugar, “la justicia social con la sociedad en general y con las personas con las que se trabaja, dedicando su ejercicio profesional a ayudar a los individuos, grupos y comunidades en su desarrollo y a facilitar la resolución de conflictos personal y/o sociales y sus consecuencias”. Considero que este principio es la base del Trabajo Social, pues sin él no se trabajará al 100% con las personas. Es necesario que el trabajador luche para conseguir el bienestar de las personas con las que trabaja y esté dispuesto a proporcionar la ayuda y el apoyo que sea necesario para solucionar los conflictos, personales, interpersonales o sociales que se planteen, pues como trabajadores sociales, somos un agente de cambio en la sociedad.

En segundo lugar, la “aceptación de la persona en cuanto tal con sus singularidades y diferencias”. Este principio abarca el respeto hacia la persona con la que trabajamos, implica no hacer juicios de valor acerca de su situación o de sus actos. Significa que, como profesionales, no debemos nunca juzgar a la persona, entender que sus circunstancias e incluso sus actos no son motivo de juicio, incluso cuando estén “mal”. Comprender el trasfondo personal que hay detrás de casa persona y de cada situación y de este modo, aceptar a la persona con sus particularidades, pues solo de esta forma, podremos empatizar de verdad y como consecuencia, proporcionarle la mejor ayuda por nuestra parte.

En tercer lugar, la “promoción integral de la persona, considerada como un todo, desde sus capacidades potenciales y los múltiples factores internos y externos circunstanciales. Supone superar visiones parciales, unilaterales, así como integrar la intervención a través de la interprofesionalidad”. Es decir, para realizar una correcta intervención profesional, debemos tener en cuenta a la persona en su totalidad, con sus circunstancias, sus capacidades y todos los factores que intervienen en sus problemas y no solo tener una visión parcial de la persona o de sus circunstancias, sino una visión global, que abarque todo lo anterior.

En cuarto lugar, la “autonomía ejercida desde la confianza en las capacidades propias de los profesionales, sin coacciones externas.” Este principio nos dice que debemos actuar en base a lo que nosotros, como profesionales, creemos que es lo adecuado para la persona. Y, por tanto, no dejarnos influenciar por terceras personas y mucho menos ser obligados o coaccionados a actuar de una determinada forma contra nuestra propia voluntad. Este principio es importante, pues si fuésemos coaccionados por una persona, no estaríamos realizando una buena intervención, y, por consiguiente, tampoco estaríamos consiguiendo el bienestar del usuario.

Por último, aludiendo a los elementos identificados en los códigos nacionales, cabe mencionar el tercero, el secreto profesional. “El profesional liberal mantendrá el secreto profesional sobre todos aquellos datos, hechos o cualquier tipo de información de carácter reservado a la que haya accedido en virtud de su labor o trabajo profesional.” Como en cualquier profesión, el secreto profesional ha de ser respetado por el/la trabajador/a social con el objetivo de proteger al usuario y, también, para crear una relación de total confianza con este. Es muy importante respetar al usuario y la información que obtenemos de él, pues supone una obligación para el profesional y un derecho de la persona a que su intimidad y su vida sean confidenciales. Si esto no ocurriese, perderíamos la confianza de la persona, además de ser sancionados por no respetar el secreto profesional.

A continuación, siguiendo las etapas propuestas por Bermejo (2002), explicaré con un ejemplo, cómo debería actuar el/la trabajador/a social ante esta situación.

- Narración de los hechos. La profesora del colegio al que acude Laura, de 12 años, ha sido informada, de que, tras finalizar una clase de educación física, mientras las niñas se cambiaban de ropa, sus compañeras han visto marcas en varias partes del cuerpo de Laura. Además, los profesores de Laura han notado un cambio brusco en su comportamiento, estos la notan triste y más apartada de sus compañeras. La profesora de Laura, preocupada por esta, decide llamar a la Gerencia de Servicios Sociales. Desde allí, con la información que les ha proporcionado la profesora acerca de su dirección del domicilio familiar, contactan con la trabajadora social del CEAS que le corresponde a la familia de Laura por el barrio/zona en el que residen. La trabajadora social del CEAS se pone en contacto con la profesora de Laura y concreta una cita con esta en el colegio, donde la profesora le explica con detalle lo sucedido. La trabajadora social decide llamar a la madre de Laura para comentarle que han detectado indicios de maltrato en su hija y le pide concretar una cita en su casa para hablar con los miembros de la unidad familiar.

- Identificar los datos relevantes del caso. Cuando la trabajadora social acude a la casa de Laura, habla a solas con su hermano mayor, Alberto, de 17 años. Alberto dice no haber observado ningún comportamiento extraño hacia su hermana por parte de su padre ni de su madre. No obstante, la trabajadora social nota a Alberto bastante nervioso durante la conversación. Tras esta conversación, la trabajadora social decide hablar con el padre de Laura y hacerle unas preguntas. El padre de Laura aparenta tranquilidad en un principio, pero, cuando la trabajadora social le pregunta por las marcas que presenta su hija, este se pone muy nerviosa, alegando que no sabe cómo se las ha hecho, que puede que se las haya hecho jugando al baloncesto, deporte que practica Laura. Por último, cree oportuno hablar con la madre de Laura, la cual está tensa y cuando la trabajadora social le pregunta, a solas, si es posible que su marido haya agredido en alguna ocasión a la menor, esta comienza a llorar. La madre de Laura, finalmente, le confiesa que su marido siempre ha sido un poco agresivo y que ha presenciado alguna agresión física por parte de su marido a Laura. Por último, la madre de Laura le dice que no descarta que en alguna ocasión su marido haya abusado de su hija.

- Naturaleza del problema ético y afectados por el problema. El dilema ético que se nos planteaba era la prioridad entre el derecho a la integridad, a la libertad y a la protección por parte de la menor, frente a la integridad y la protección de datos del padre. Recordemos que antes de que la trabajadora social acudiese a casa de Laura y su familia, la acusación no estaba confirmada, sino que era una sospecha. Por ello se plantea dicho dilema ético, no obstante, la integridad física de un menor siempre va a ser una prioridad, y, como trabajadores sociales debemos actuar lo antes posible ante cualquier sospecha de este u otro tipo. Por otro lado, los afectados en este caso son Laura, su profesora, su madre y su hermano.

- Generar alternativas posibles al problema planteado. Después de hablar con la familia de Laura, la trabajadora social ya tenía toda la información necesaria para actuar correctamente y sin precipitarse. En este caso, que requiere de un procedimiento de actuación de urgencia, solo había una solución y la mejor para actuar de forma rápida y eficaz, que la trabajadora social lo comunicase de inmediato al centro de Protección de Menores y que allí realizasen los trámites necesarios.

- Considerar dificultades de la puesta en práctica de las alternativas. Una de las posibles dificultades que podría darse es que si la trabajadora social y/o el centro de Protección de Menores, no actuase de forma rápida y radical, Laura podría volver a sufrir agresiones o abusos por parte de su padre.

-Valoración ética y toma de decisiones. Como ya he dicho antes, la integridad de cualquier menor debe primar por encima de la de su padre y sus datos, por lo que la decisión, en un primer momento, sería hablar con su familia y averiguar si las sospechas son reales o no. Y, a continuación, como en este caso sí son ciertas las sospechas, que habría que ponerse en contacto con el centro de Protección de Menores.

- Realización de la decisión. Una vez tomada la decisión, la trabajadora social se puso en contacto con Protección de Menores y desde allí se llevaron a cabo los trámites necesarios para proteger a Laura, a la vez que se realiza una intervención en crisis dentro del ámbito familiar.

-Evaluación de la puesta en práctica. Unas semanas más tarde, la trabajadora social visita la casa de Laura para comprobar que todo va bien. Por un lado, su padre ya no se encuentra allí, pues tiene una orden de alejamiento y está esperando el juicio. Por otro lado, su madre está recibiendo ayuda psicológica, al igual que Laura, y parece que los tres están bien dentro de lo que cabe.



martes, 25 de febrero de 2020

Reflexión: Cómo me siento y me posiciono siendo trabajadora social en la actualidad.


Con el paso de los años, el Trabajo Social ha ido cobrando importancia en cuanto a carrera, dándose a conocer y en cuanto a trabajo en nuestra sociedad. No obstante, sigue habiendo gente que no sabe muy bien en qué consiste esta profesión, incluso hay personas que necesitan la ayuda de un profesional del Trabajo Social y no saben a dónde acudir. A pesar de ello, esta profesión es necesaria para el desarrollo y el bienestar de individuos, familias y grupos, en ámbitos que van desde el jurídico  hasta el sanitario y otros muchos más. 

En mi caso, tuve claro desde hace años que quería estudiar esta carrera y poder ejercer en un futuro como trabajadora social, pues siempre he tenido la necesidad de ayudar y poner mi granito de arena. Las personas que tenía a mi alrededor tenían claro a qué querían dedicarse y siempre fueron otras carreras como derecho, economía, enfermería... Sin embargo, a mí ninguna de esas me llamaba la atención y no me imaginaba trabajando toda mi vida en algo así, en un trabajo que sabía a ciencia cierta que no me iba a llenar al cien por cien y en el que no podría sacar todo mi potencial. 

A día de hoy, no sé aún cómo es trabajar en esta profesión, pero sé que tanto la posibilidad y el deber de ayudar, como el poder ser consciente de muchas realidades diferentes, aunque duras, va a hacerme crecer como persona.

Como futura trabajadora social, siento la necesidad de cambiar, en la medida que pueda, esta sociedad, que en mi opinión pienso que no avanza y va hacia atrás en algunos temas. Una sociedad cada vez más deshumanizada, más insensibilizada ante las injusticias sociales, una sociedad que va en "piloto automático" y no se para a pensar que quizá, todos deberíamos aportar algo, pues podríamos estar en cualquier situación en la que necesitaramos esa ayuda.

En conclusión, siento la vocación de poder ayudar a las personas en un futuro y me veo con ganas de hacerlo, a pesar de que hay que considero que hay que estar preparado mentalmente para ello y no dejar que te afecte en tu vida diaria fuera del trabajo, debido a las situaciones tan complicadas que puedes llegar a ver. Pero realmente siento que es a lo que me quiero dedicar toda mi vida.





MODELO SISTÉMICO DESDE EL TRABAJO SOCIAL. El modelo sistémico considera la familia como un sistema, en el que, si existe una actitud di...