viernes, 22 de mayo de 2020

Reflexión sobre "Algo va mal" de Tony Judt.

Algo va mal de Tony Judt es un libro que abarca un gran número de temas interesantes y también necesarios. Judt nos hace mirar hacia el pasado y reflexionar sobre nuestro mundo actual. Hace referencia a temas económicos, éticos e ideológicos, entre otros. No obstante, en la presente reflexión, me centraré en aquellos puntos más importantes e interesantes a mi parecer.

Al comienzo de la obra, Judt hace una crítica de la actual actitud que tenemos los jóvenes respecto a temas económicos, políticos, estatales e incluso éticos. En épocas pasadas, ante una injusticia social o sencillamente por un desacuerdo de intereses, los jóvenes, en especial, se pronunciaban, luchaban por sus derechos. Pero no sólo por sus derechos individuales, sino por los colectivos, se manifestaban por el bienestar de toda una sociedad, a la que ellos pertenecían. 

Desde hace ya unas décadas, esto ha cambiado. Coincido con el autor, en que los jóvenes y la sociedad en general, no sabe cómo mejorar el mundo, no sabemos qué tenemos que hacer ni cómo hacerlo para que funcione. En mi opinión, el problema reside en que hemos crecido en una sociedad demasiado conformista. Quizá se nos ha enseñado, de una forma más o menos directa y /o explícita, que vivimos bien, que hemos estado peor y que no deberíamos quejarnos. Hemos interiorizado que siempre han existido injusticias, desigualdades económicas, problemas sociales y que no podemos hacer nada para cambiarlo, es algo “natural”. Eso me recuerda, en parte, a la Edad Media, cuando el pensamiento colectivo era que las personas pobres nacían pobres y morían pobres. Y eso no había forma de cambiarlo, su destino estaba escrito. Ese pensamiento, por suerte, forma parte de nuestro pasado, sin embargo, esa conformidad se asemeja un poco a la de nuestros tiempos.

Sabemos que alrededor del mundo ocurren desgracias de todo tipo, personas sin hogar que mueren solas en la calle, refugiados que fallecen durante sus viajes en busca de un lugar seguro, mujeres que no pueden dar de comer a sus hijos, niñas privadas de su libertad a las que obligan a casarse, y un sinfín de problemas más. Casi todos somos conscientes de que el mundo no va bien, pero nadie sabe qué hacer. Sabemos que han existido grandes personas que han conseguido grandes cambios en el pasado, pero parece que no nos interesa intentarlo, que no va con nosotros, ya que, por suerte, esas injusticias no las vivimos nosotros, ni nuestros seres queridos. Quizá deberíamos plantearnos por qué estamos insensibilizados con las injusticias, por qué ya no tenemos los mismos objetivos. 

Hay una parte en la que el autor comenta que los estudiantes elegimos la carrera en la que vayamos a ganar más dinero. Es cierto, he visto como algunos de mis compañeros de clase renunciaban a la carrera que les gustaba por miedo a no ganar “suficiente” dinero en un futuro. ¿Pero quién nos impone esa cantidad? ¿Realmente están siendo justos consigo mismos? En mi caso, tenía claro que ganar más o menos dinero o las facilidades que iba a tener para encontrar trabajo, no iba a condicionarme. Considero que el camino hacia una sociedad más justa, comienza por alejarnos del individualismo, de nuestro propio beneficio y de pensar más en el bien colectivo. 

El futuro que nos espera a nuestra generación y a las siguientes va a ser difícil, en mi opinión, pues no confiamos en que podamos hacer de nuestro mundo, un mundo un poco mejor, antes de irnos. Existen demasiados problemas a los que no vemos solución y sinceramente, la opción más sencilla es mirar para otro lado. Llega a ser muy frustrante ser consciente y estar sensibilizados con la injusticia que nos rodea y no saber qué hacer. No obstante, considero que merece la pena luchar por el cambio, en la medida de lo posible. Y eso es algo que no podemos hacer solos, necesitamos la unión de la sociedad y, sobre todo, un cambio en la perspectiva actual, para poder ver el futuro con otros ojos. Para pensar que somos capaces de iniciar un cambio, es necesaria la fuerza de una mayoría.

 La reciente muerte de Julio Anguita, maestro y político español de ideología comunista, es un ejemplo de los políticos que merecen la pena, de los que se sublevaron contra el poder y de los que lucharon por sus ideas. En una de las entrevistas que se le hicieron, se dirigió a los jóvenes españoles: “No tenéis futuro alguno, salvo que cambiéis, no que os cambien los demás, que luchéis para que os lo cambien” dijo textualmente. Mencionó que nuestra generación iba a ser la primera que viviría peor que sus padres, según el informe PETRAS. Y esa es la triste realidad que nos espera, si no hacemos nada para cambiarla. Es cierto que nuestra generación ha vivido “entre algodones”, pero aún estamos a tiempo de luchar y quizá cambiar algo.

Por otro lado, uno de los temas que trata el autor, es el de los valores de nuestra sociedad. Critica el gran valor que le adjudicamos a los bienes materiales, una casa, un coche, joyas, etc. En mi opinión, las aspiraciones que tenemos sobre nuestro futuro, determinan quiénes somos. Está claro que tener una casa y un coche es necesario, pero no es tan necesario que esa casa o ese coche, tengan un valor económico elevado. En ciertas ocasiones, cuando he conversado con personas acerca de cómo se ven en un futuro, muchas de ellas aspiraban a vivir en ciudades como Nueva York, tener una lujosa casa y otros aspectos. Está bien ser ambicioso en la vida, pero, considero que hay otras aspiraciones más importantes que las banales. Creo que ese pensamiento individualista y materialista, nos aleja enormemente de lo que pretendemos conseguir. Ninguna de esas personas contestó “Quiero tener lo suficiente para vivir bien” y quizá ayudar a las personas de alguna forma que esté en mis manos. Este pensamiento en el beneficio individual, como indica Judt, nos separa como sociedad. En el pasado, se miraba más allá del beneficio de cada uno y se pensaba en el beneficio de la sociedad, incluso de las minorías. Es decir, aquello que a nosotros puede no afectarnos directamente, también es importante. La actitud que tenía la izquierda del pasado se ha perdido, esa unión de la izquierda ha perdido su fuerza y como consecuencia, tenemos una izquierda separada, con diferentes convicciones y en la que muchos no confiamos. No confiamos en los políticos en general, pero, no confiar en aquellos que supuestamente representan nuestros ideales, es peligroso. 

Como bien sabemos, conocer el pasado histórico es necesario para no volver a repetir los mimos errores. Y es que, a pesar de la evolución que hubo desde 1945 hasta 1970, no hemos conseguido seguir evolucionando. Nos quedamos estancados en esa conformidad, estabilidad y confianza, porque “todo iba bien”, pues ya no había guerra. Pero ahora, aunque no estemos inmersos en una guerra, siguen existiendo muchos problemas que entonces había. Sigue habiendo desigualdad económica, incluso, se ha incrementado, hay pobres que son más pobres que antes y hay más ricos también más ricos que en el pasado. Aunque considero que ya no es que estemos mejor o peor en comparación a épocas pasadas, sino que la actitud que tenemos sobre nuestra sociedad y sobre el mundo, es bastante peor en cierto sentido.

Nuestra sociedad ya no se ve capaz de mejorar nada, ni de luchar por nada, porque “¿para qué?”, o “¿para quién? Si a mi no me afecta”, para eso ya están los políticos dicen algunos. Y ese es el problema, que lo hemos dejado todo en manos de la política en las últimas décadas, pero no ha funcionado. No deberíamos olvidar, que los políticos son, al final, las personas que tendrían que representar nuestras ideas, representar al pueblo. Pero para que nos puedan representar, ¿nos tendrán que oír no? La mayoría de los políticos que tenemos en el gobierno español, tienen solo intereses económicos, y aunque sea triste, no van a luchar por una sociedad más justa y menos desigual, porque ellos ya tienen su pensión vitalicia. En mi opinión, el nivel de muchos políticos es bastante bajo, por lo menos en cuanto a valores se refiere. Hacen creernos que realmente les importa la exclusión social, la pobreza, la violencia de género, pero pocos lo piensan de verdad. Dudo mucho que, por iniciativa de la propia política, esto cambie. No obstante, podemos y debemos ser nosotros, la sociedad, la que se subleve, la que proteste, la que no este conforme con cómo se hacen las cosas en nuestro país. Es difícil creer que se puede cambiar, después de estas décadas de desinterés, pero de lo contrario, acabaremos siendo marionetas del Estado. 

La falta de confianza que tenemos en el Estado, se debe en parte a la falta de igualdad existente en la sociedad. Tal y como indica el autor, en las décadas en las que EE.UU. reinó la estabilidad, fue debido a la cohesión social, pues conformaban una sociedad homogénea y tenían intereses comunes. A día de hoy, esto resulta imposible, es imposible que toda una sociedad tenga los mismos intereses y estaríamos ignorando los intereses de las minorías. Considero que, a nivel mundial, sería imposible que existiese una igualdad económica, en la que todas las personas tuvieran un mínimo existencial que fuese suficiente. Sin embargo, a nivel estatal, sí es posible. Es cierto que en parte se intenta, pagar impuestos en función de nuestra renta para que existan los SS.SS. es una de las medidas. Pero no es suficiente, pues estos no son capaces de abarcar a todas las personas que los necesitan. 

En estos momentos, con la crisis del Covid-19, nos damos cuenta de lo imprescindibles que son la sanidad pública y los Servicios Sociales. Si no existiesen de forma gratuita para todos los ciudadanos, muchos no tendrían acceso a ellos, lo cual fomentaría una terrible desigualdad. Privatizar la sanidad, como ocurre en Estados Unidos, es un grave error que tiene y tendrá consecuencias muy negativas para la sociedad americana. La intervención del Estado es necesaria, y aunque en el caso español, tengamos ese “privilegio”, no debemos retroceder en una privatización de la sanidad y la educación. A pesar de estar en un lugar privilegiado, respecto a ciertos países, en España la tasa de pobreza y/o exclusión social (AROPE) superó el 25% de la población española en el año 2018. Es decir, un cuarto de la población necesita o va a necesitar atención de los SS.SS. 

Otro de los puntos que aparece en este ensayo, es el miedo que tienen los estadounidenses a hablar del socialismo debido al daño sufrido en el pasado. Judt critica ese miedo, pues considera que es necesario hablar con libertad del pasado, para que podamos aprender de él. No deben existir los límites a la hora de expresar nuestros ideales, siempre que sea con respeto. Tampoco debemos temer a ese pasado de nuestro país, pues sino no conseguiremos avanzar. Tenemos que mirar hacia el pasado, aceptarlo con sus errores y sus aciertos y decidir qué queremos conservar del pasado. El socialismo se relaciona con las dictaduras pasadas y de igual forma, el franquismo también en España. España por su parte, debe superar la dictadura de Franco, aún no superada por algunos, para no involucionar.

Como conclusión final, el consejo que nos ofrece Judt es optar por la socialdemocracia, además de lo anterior mencionado. En mi opinión, considero que sería la elección más acertada, no obstante, la veo poco viable en estos momentos. Sin embargo, si las generaciones jóvenes de ahora y las que vendrán, siguen formándose y luchando por nuestros derechos, quizá podamos adaptar una socialdemocracia en España. El camino está en nosotros, los jóvenes, en nuestras palabras y en nuestros actos. Debemos hablar sin miedo, libremente, rechazando ese conformismo que se nos ha inculcado y la idea de que ya no se puede hacer nada. 

Por último, considero importante mencionar el papel tan necesario que tenemos y seguiremos teniendo los/as trabajadores/as sociales en este aspecto. Si no estamos de acuerdo con cómo se hacen las cosas, tenemos que expresarlo, si vemos que algo está mal, tenemos que denunciarlo. Tenemos el deber de hacer de nuestra sociedad un lugar con menor desigualdad. Tenemos, en nuestro trabajo, el poder de cambiar algunas cosas y debemos hacerlo. Todas las profesiones deberían ser vocacionales, pero no siempre es así. Sin embargo, creo o me gusta creer que las/os profesionales del Trabajo Social, tenemos muchas ganas de aprender, de mejorar, de provocar un cambio, por mínimo que sea, y así debemos hacerlo. Poco a poco, el pensamiento actual debe cambiar, evolucionar hacia uno inconformista, hacia una generación que proteste, que se manifieste cuando algo no está bien, que no tenga miedo a las consecuencias. El papel de los jóvenes es determinante en nuestra sociedad, por lo que debemos recuperar esa izquierda pasada, que estaba unida a pesar de no tener los mismos intereses, esa que velaba por el bien común y no por el beneficio individual. Tenemos que dejar atrás el individualismo si queremos progresar. Y todo eso, debemos hacerlo unidos, apoyándonos y ayudándonos los unos a los otros, mirando más allá de nuestros privilegios, podremos mejorar el mundo.







“El hombre más pobre tiene una vida que vivir, igual que el más poderoso. “
Tony Judt.

MODELO SISTÉMICO DESDE EL TRABAJO SOCIAL. El modelo sistémico considera la familia como un sistema, en el que, si existe una actitud di...