martes, 31 de marzo de 2020

Segundo trabajo de reflexión personal: bloque deontología.


Como ya hemos visto, el trabajador social es un profesional que busca el bienestar de la sociedad y el cambio social, proporcionando información, orientación, apoyo y seguridad al usuario. Por tanto, como en otras profesiones, es necesario que el profesional del Trabajo Social, tenga en cuenta y siga el código deontológico. De esta forma, el/la trabajador/a social podrá llevar a cabo su profesión de manera adecuada, beneficiando siempre a los usuarios. En esta reflexión, he elegido cinco principios, que me han parecido más importantes como referencia a la hora de intervenir profesionalmente, no obstante, todos son necesarios y se deben cumplir.

En primer lugar, “la justicia social con la sociedad en general y con las personas con las que se trabaja, dedicando su ejercicio profesional a ayudar a los individuos, grupos y comunidades en su desarrollo y a facilitar la resolución de conflictos personal y/o sociales y sus consecuencias”. Considero que este principio es la base del Trabajo Social, pues sin él no se trabajará al 100% con las personas. Es necesario que el trabajador luche para conseguir el bienestar de las personas con las que trabaja y esté dispuesto a proporcionar la ayuda y el apoyo que sea necesario para solucionar los conflictos, personales, interpersonales o sociales que se planteen, pues como trabajadores sociales, somos un agente de cambio en la sociedad.

En segundo lugar, la “aceptación de la persona en cuanto tal con sus singularidades y diferencias”. Este principio abarca el respeto hacia la persona con la que trabajamos, implica no hacer juicios de valor acerca de su situación o de sus actos. Significa que, como profesionales, no debemos nunca juzgar a la persona, entender que sus circunstancias e incluso sus actos no son motivo de juicio, incluso cuando estén “mal”. Comprender el trasfondo personal que hay detrás de casa persona y de cada situación y de este modo, aceptar a la persona con sus particularidades, pues solo de esta forma, podremos empatizar de verdad y como consecuencia, proporcionarle la mejor ayuda por nuestra parte.

En tercer lugar, la “promoción integral de la persona, considerada como un todo, desde sus capacidades potenciales y los múltiples factores internos y externos circunstanciales. Supone superar visiones parciales, unilaterales, así como integrar la intervención a través de la interprofesionalidad”. Es decir, para realizar una correcta intervención profesional, debemos tener en cuenta a la persona en su totalidad, con sus circunstancias, sus capacidades y todos los factores que intervienen en sus problemas y no solo tener una visión parcial de la persona o de sus circunstancias, sino una visión global, que abarque todo lo anterior.

En cuarto lugar, la “autonomía ejercida desde la confianza en las capacidades propias de los profesionales, sin coacciones externas.” Este principio nos dice que debemos actuar en base a lo que nosotros, como profesionales, creemos que es lo adecuado para la persona. Y, por tanto, no dejarnos influenciar por terceras personas y mucho menos ser obligados o coaccionados a actuar de una determinada forma contra nuestra propia voluntad. Este principio es importante, pues si fuésemos coaccionados por una persona, no estaríamos realizando una buena intervención, y, por consiguiente, tampoco estaríamos consiguiendo el bienestar del usuario.

Por último, aludiendo a los elementos identificados en los códigos nacionales, cabe mencionar el tercero, el secreto profesional. “El profesional liberal mantendrá el secreto profesional sobre todos aquellos datos, hechos o cualquier tipo de información de carácter reservado a la que haya accedido en virtud de su labor o trabajo profesional.” Como en cualquier profesión, el secreto profesional ha de ser respetado por el/la trabajador/a social con el objetivo de proteger al usuario y, también, para crear una relación de total confianza con este. Es muy importante respetar al usuario y la información que obtenemos de él, pues supone una obligación para el profesional y un derecho de la persona a que su intimidad y su vida sean confidenciales. Si esto no ocurriese, perderíamos la confianza de la persona, además de ser sancionados por no respetar el secreto profesional.

A continuación, siguiendo las etapas propuestas por Bermejo (2002), explicaré con un ejemplo, cómo debería actuar el/la trabajador/a social ante esta situación.

- Narración de los hechos. La profesora del colegio al que acude Laura, de 12 años, ha sido informada, de que, tras finalizar una clase de educación física, mientras las niñas se cambiaban de ropa, sus compañeras han visto marcas en varias partes del cuerpo de Laura. Además, los profesores de Laura han notado un cambio brusco en su comportamiento, estos la notan triste y más apartada de sus compañeras. La profesora de Laura, preocupada por esta, decide llamar a la Gerencia de Servicios Sociales. Desde allí, con la información que les ha proporcionado la profesora acerca de su dirección del domicilio familiar, contactan con la trabajadora social del CEAS que le corresponde a la familia de Laura por el barrio/zona en el que residen. La trabajadora social del CEAS se pone en contacto con la profesora de Laura y concreta una cita con esta en el colegio, donde la profesora le explica con detalle lo sucedido. La trabajadora social decide llamar a la madre de Laura para comentarle que han detectado indicios de maltrato en su hija y le pide concretar una cita en su casa para hablar con los miembros de la unidad familiar.

- Identificar los datos relevantes del caso. Cuando la trabajadora social acude a la casa de Laura, habla a solas con su hermano mayor, Alberto, de 17 años. Alberto dice no haber observado ningún comportamiento extraño hacia su hermana por parte de su padre ni de su madre. No obstante, la trabajadora social nota a Alberto bastante nervioso durante la conversación. Tras esta conversación, la trabajadora social decide hablar con el padre de Laura y hacerle unas preguntas. El padre de Laura aparenta tranquilidad en un principio, pero, cuando la trabajadora social le pregunta por las marcas que presenta su hija, este se pone muy nerviosa, alegando que no sabe cómo se las ha hecho, que puede que se las haya hecho jugando al baloncesto, deporte que practica Laura. Por último, cree oportuno hablar con la madre de Laura, la cual está tensa y cuando la trabajadora social le pregunta, a solas, si es posible que su marido haya agredido en alguna ocasión a la menor, esta comienza a llorar. La madre de Laura, finalmente, le confiesa que su marido siempre ha sido un poco agresivo y que ha presenciado alguna agresión física por parte de su marido a Laura. Por último, la madre de Laura le dice que no descarta que en alguna ocasión su marido haya abusado de su hija.

- Naturaleza del problema ético y afectados por el problema. El dilema ético que se nos planteaba era la prioridad entre el derecho a la integridad, a la libertad y a la protección por parte de la menor, frente a la integridad y la protección de datos del padre. Recordemos que antes de que la trabajadora social acudiese a casa de Laura y su familia, la acusación no estaba confirmada, sino que era una sospecha. Por ello se plantea dicho dilema ético, no obstante, la integridad física de un menor siempre va a ser una prioridad, y, como trabajadores sociales debemos actuar lo antes posible ante cualquier sospecha de este u otro tipo. Por otro lado, los afectados en este caso son Laura, su profesora, su madre y su hermano.

- Generar alternativas posibles al problema planteado. Después de hablar con la familia de Laura, la trabajadora social ya tenía toda la información necesaria para actuar correctamente y sin precipitarse. En este caso, que requiere de un procedimiento de actuación de urgencia, solo había una solución y la mejor para actuar de forma rápida y eficaz, que la trabajadora social lo comunicase de inmediato al centro de Protección de Menores y que allí realizasen los trámites necesarios.

- Considerar dificultades de la puesta en práctica de las alternativas. Una de las posibles dificultades que podría darse es que si la trabajadora social y/o el centro de Protección de Menores, no actuase de forma rápida y radical, Laura podría volver a sufrir agresiones o abusos por parte de su padre.

-Valoración ética y toma de decisiones. Como ya he dicho antes, la integridad de cualquier menor debe primar por encima de la de su padre y sus datos, por lo que la decisión, en un primer momento, sería hablar con su familia y averiguar si las sospechas son reales o no. Y, a continuación, como en este caso sí son ciertas las sospechas, que habría que ponerse en contacto con el centro de Protección de Menores.

- Realización de la decisión. Una vez tomada la decisión, la trabajadora social se puso en contacto con Protección de Menores y desde allí se llevaron a cabo los trámites necesarios para proteger a Laura, a la vez que se realiza una intervención en crisis dentro del ámbito familiar.

-Evaluación de la puesta en práctica. Unas semanas más tarde, la trabajadora social visita la casa de Laura para comprobar que todo va bien. Por un lado, su padre ya no se encuentra allí, pues tiene una orden de alejamiento y está esperando el juicio. Por otro lado, su madre está recibiendo ayuda psicológica, al igual que Laura, y parece que los tres están bien dentro de lo que cabe.



MODELO SISTÉMICO DESDE EL TRABAJO SOCIAL. El modelo sistémico considera la familia como un sistema, en el que, si existe una actitud di...